Milagros

El milagro de Doña Yomar

El hecho de que la calle donde se ubica el templo se llame de Pedro Niño, no es un hecho casual. Este merino y regidor de Valladolid en tiempos del Rey Enrique IV, contribuyó en gran medida al esplendor de la devoción de la Santísima Virgen de San Lorenzo, gracias a un milagro que Nuestra Señora obró a su hija Yomar y que Juan de Villafáñez narró en su obra ” Compendio historico, en que se da noticia de las milagrosas, y devotas imagenes de la Reyna de cielos, y tierra, Maria Santissima, que se veneran en los mas celebres santuarios de España” (1740)

Milagro de Doña Yomar

Uno de los más principales caballeros de Valladolid, llamado Don Pedro Niño, Merino Mayor y Regidor de ella, por merced del Rey Don Enrique IV, tenía una hija, a quien amaba tiernamente, la cual cayó en una enfermedad tan peligrosa, que desconfiando los médicos, de que pudiese librar la vida, todos eran de parecer se moría sin remedio. Don Pedro su padre, sumamente afligido con tan triste pronóstico, viendo que los remedios humanos no aprovechaban, acudió a los divinos; y siendo grande la fama de los milagros de Nuestra Señora de San Lorenzo, hizo que le trajesen un manto suyo, que hasta hoy se guarda, y es de grana; y aplicándole con fe y devoción a la enferma, surtió tan feliz y pronto efecto, que lo mismo fue tocar la señora enferma el manto, que quedar sana y perfectamente libre de su peligrosa enfermedad. ¿Cuál sería el regocijo del padre, al ver tan claro y manifiesto prodigio? ¿Cuál debía ser la devoción de la hija a esta Santa Imagen, al sentir en sí, por su intercesión, conseguida tan instantánea sanidad? No hay duda que agradecerían uno y otro al cielo tal beneficio; y aun por quedarse esta señora con alhaja tan prodigiosa, no quiso que el manto de la Virgen volviese a la Iglesia, sino que sustituyendo otro en su lugar, se quedó con el que había sido instrumento de su beneficio.
Pero como en los verdores de la juventud, y pocos años, no suele la razón tener todo el imperio del alma, esta señora moza comenzó a tratar la alhaja, a cuyo contacto había debido la salud y la vida, con menos decoro del que debía: poníase el manto de Nuestra Señora algunas veces, otras le trataba con menos veneración y respeto; de que enojada (si así se puede decir) esta Soberana Reina, quiso castigar, al parecer, con severidad esta falta de veneración a las alhajas que habían servido a su Simulacro, dándonos a entender cuán enojosa es al Cielo la profanación de lo que una vez se dedica al culto de los altares: el castigo fue, que estando esta señora con el manto en la mano, usando de él en cosas de su entretenimiento, súbitamente le acometió un accidente tan recio y violento, que en un momento la privó del habla, del movimiento y de la vida. Asustadas las criadas de tan inopinado como triste suceso, avisaron luego a su padre Don Pedro, el cual todo poseído de dolor, ternura y pasmo, acudió a donde estaba su hija ya difunta; y teniendo por cierto que la causa de la repentina muerte du hija había sido el engaño de quedarse con el manto de Nuestra Señora, sustituyendo otro semejante, y la irreverencia con que le trataba, confiando en Dios y en la Virgen Santísima, quiso implorar la Divina Misericordia, y aplicando al cadáver el mismo Manto, que antes había dado salud a su hija, al mismo tiempo con toda devoción y confianza dijo estas palabras: “Virgen Santísima de San Lorenzo, restituid la vida a mi hija, que yo os ofrezco, si le hacéis, edificaros Iglesia, en que seáis reverenciada y servida”.
Al instante, se levantó la hija buena y sana, dando todas las debidas gracias a tan poderosa señora. Cumplió Don Pedro lo que había prometido, y restituyendo luego el manto, instrumento de los dos milagros, dio al poco tiempo principio a la suntuosa Iglesia que hoy se ve, derribando la antigua Ermita de San Lorenzo, en que había estado esta Santa Imagen muchos años; y añadiendo este caballero primores a su devoción, puso en renta a la fábrica, adornó el templo de muchos ornamentos sagrados, levantó la torre, fundó y dotó una capellanía que sirviese al culto de la Virgen, y doró a grande costa suya toda la bóveda de la nueva iglesia; quedando desde entonces en esta familia noble de los Niño su Patronato.

Otros milagros de Nuestra Señora

Juan López, natural de Aranda de Duero, servía a un caballero de la Ciudad de Valencia, y un día amaneció con una pierna muy hinchada, y aunque le aplicaron remedios para su curación no surtieron el deseado efecto, porque se determinaron a cortársela; pero el paciente no combino en ello, fiado en la protección de María santísima, y con la noticia que tenía de los muchos milagros que obraba la Majestad de Dios nuestro señor por la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, devotamente alentado ofreció visitar su célebre  santuario, y cumplir en él una novena; salió de aquella ciudad y aunque con trabajo quiso pasar por su patria, y como pudo llegó a Valladolid, donde tenía parientes, de quienes esperaba algún socorro para entrar en Zaragoza y oyendo contar en Valladolid los milagros de Nuestra Señora de San Lorenzo, se fue a su templo y en él repitió sus súplicas que lograron feliz despacho; porque estando el día 11 de septiembre de 1605 oyendo misa en el Altar de esta celestial reina, de repente se vio sano, y a voces lo publicó”, el protagonista de tal suceso no olvidó su promesa a la Virgen del Pilar y acudió a Zaragoza declarándose desde entonces gran devoto de estas dos imágenes.


En el mes de noviembre de1601 sobrevino a la Reina una gravísima enfermedad, cuyos alarmantes síntomas hicieron concebir serios temores por su vida; en tan apurado trance esta virtuosísima señora, impulsada por su ardiente devoción y llena de cristiana confianza, pidió se llevase a palacio la Virgen de San Lorenzo. Para satisfacer los deseos de la Reina se hizo gran procesión, a la que concurrieron las autoridades, los grandes de la Corte, y todas las Corporaciones y no se trasladó la imagen a su templo hasta que desapareció totalmente el peligro


En Valladolid se cayó una casa sobre siete hombres; uno de ellos muy devotamente pidió a Nuestra Señora de San Lorenzo les librase de aquel peligro, por cuya intercesión todos salieron vivos y sin ninguna lesión