Sede

Como ocurre con diversas parroquias de Valladolid, la de San Lorenzo Mártir tiene su origen en una ermita que, según Canesi fue fundada por el Conde D. Pedro Ansúrez. En cualquier caso, está documentado que se trataba de una antigua ermita existente extramuros de la población ya en el siglo XII.

El mencionado Canesi afirma que en el reinado de Juan I (que abarca desde 1379 hasta su muerte en 1390), y concretamente por los años de 1385 ya se veneraba a la Virgen de los Aguadores en la ermita de San Llorente, nombre por la que se la conocería después. Posteriormente, en el reinado de Juan II (1405-1454) este templo ya tenía en título de parroquia. Esta construcción era un edificio pequeño, labrado en madera rasa, que perduró aproximadamente hasta 1485, año en el que a expensas de Pedro Niño, por devoción a la Imagen de Nuestra Señora de San Lorenzo y en acción de gracias por el milagro que obra en su hija doña Yomar, es derruida para levantar una iglesia nueva desde sus cimientos.

El 19 de mayo de 1509, terminado ya el templo, Pedro Niño solicita tomar posesión del patronazgo de la capilla mayor de dicho templo, lo que suponía tener en ella su enterramiento.

Se trataba de un edificio de ladrillo y piedra, de dos naves separadas por pilares que apoyaban arcos apuntados y cubiertas artesonadas de tipo mudéjar. Junto a la cabecera se levantaba una esbelta torre campanario (afortunadamente aún conservada).

En el crucero se encontraba la tumba de D. Pedro Niño “que levantaba del pavimento media vara cercado con su verja de hierro, que se mandó quitar el  año de 1726”, Canesi transcribe el epitafio:

Aquí yace sepultado Pedro Niño, fijo de Alphonso Niño y de Dña. María de Rivadeneyra (de Rivero, según Antolinez de Burgos), sobrinos de los muy nobles, y muy magníficos señores D. Pedro Niño y de la Infanta Dña. Beatriz, hija del Ynfante D. Juan, el cual por servicio de Dios, y de la muy su preciosa madre, y del glorioso Mártir San Llorente fizo edificar este Santo Templo desde los cimientos arriba”.

Obras de ampliación en el siglo XVII.

A finales del siglo XVI y en la primera década del siglo XVII tienen lugar obras de reforma y ampliación del templo. Se construirá una tercera nave, la del lado de la epístola, y se realizará la portada lateral.

Así en 1596 Diego de Praves daba las trazas para construir la nave de la epístola, comprometiéndose a realizar la obra Juan de Mazarredonda. Juan Díaz del Hoyo está en 1604 al frente de esta obra y la remató en 1607. La portada principal fue diseñada también por Diego de Praves, la construcción corrió a cargo de Bartolomé de la Calzada en 1610, colocándose al año siguiente la escultura del Santo Mártir titular del Templo.

Pocos años después, en 1634, hay noticia del proyecto de realización de un retablo mayor, en el que se entronizaría la Imagen de Nuestra Señora de San Lorenzo en el nicho central. De las esculturas se ocuparía Juan de Estrada y serían; en el remate un Dios Padre sentado, vestido de Pontifical tocado con tiara y orbe en la mano. Inmediatamente después, descendiendo, una imagen de San Lorenzo vestido de diácono, con un angelillo a sus pies que sostenía la parrilla, y repartiendo limosna a dos pobres arrodillados, un hombre y una mujer, flanqueaba esta escena las esculturas de la Fe y la Esperanza. En el nicho central, como ha quedado dicho, estaría la Imagen de Nuestra Señora de San Lorenzo, y a los lados las esculturas de San Joaquín y Santa Ana; finalmente se mencionan unos angelillos con incensarios e instrumentos musicales en torno a la imagen de la Patrona.

Sin embargo este retablo no se llegó a hacer. Pero existe, en un inventario de 6 de octubre de 1648, una descripción que indica que en el retablo mayor de la iglesia se encontraba la Imagen de Nuestra Señora de San Lorenzo en su trono de plata (realizado en 1642 por el platero Andrés de Campos Guevara, siguiendo un dibujo del pintor Diego Valentín Díaz, completándose en 1645 con la ráfaga realizada por Toribio de Cisneros), un retablo con cuatro columnas estriadas que sostenían una cornisa con cuatro pirámides, se mencionaba que estaba rematado por un Calvario y que también figuraba  en dicho retablo una imagen de San Lorenzo.

Este retablo será sustituido en la segunda mitad del siglo XVII por uno salomónico obra del ensamblador Cristóbal Ruiz Andino, que ocupó este espacio hasta el año 1826 en que se estrenó un retablo de mármol, de orden corintio que se remataba con un tondo donde figuraba una pintura de Matías Blasco que representaba el  “Martirio de San Lorenzo”.

El cerramiento de sus bóvedas se haría en la segunda mitad del siglo XVII y también la cúpula que tuvo sobre el presbiterio. En 1719 se construyó una nueva sacristía cubierta con cúpula ovalada y decorada con pinturas.

Descripción de la antigua iglesia (Canesi)

Ya que he tratado de lo más principal de esta parroquia ahora he de suscribir las capillas que adornan su ámbito; y sea la primera la que está dedicada a Jesús, María y José tan suntuosa que merece excepción entre las demás, por las prodigiosas efigies que roban las atenciones de las más perspicaces vistosas inteligencias; son fábrica de aquel célebre estatuario Gregorio Hernández, que en este arte dejó muy atrás al famoso Lisipo, al griego Fidias, al insigne Mirón, al admirable Praxiteles y a otros de quienes se hacen lenguas sus profesores; en ella está fundada una muy noble cofradía compuesta de personas honoríficas y principales de Valladolid de cuyo caritativo cuidado pende la administración y hospitalidad de los niños expósitos, que se entierran en esta capilla como pertenencia de esta parroquia”.

Como dice Canesi, presidía esta capilla el grupo de la Sagrada Familia, tallado por Gregorio Fernández en 1620 y policromado por Diego Valentín Díaz, grupo de carácter tanto devocional como procesional, ya que tenía como costumbre (desde tiempos de Felipe IV) celebrar su fiesta “haciendo para mayor devoción y fervor una procesión de ellos los días del señor San José, tomándole por protector y amparador de esta obra, en reverencia y memoria de haberlo sido de Cristo y de la Virgen”(Memorial de Gutiérrez Haro al rey Felipe IV)

Esta capilla se amplió en el año 1723 valiéndose para ello de una calle que había detrás de la Iglesia, espacio que se aprovechó para ensanchar la sacristía. Tres años más tarde, en 1726, colocaron nuevo retablo en la capilla, vendiendo el anterior a los Trinitarios Calzados, en el que colocaron una imagen de  María Santísima de las Angustias. El 28 de abril de 1726 se terminó de dorar este nuevo retablo por Santiago Montes, el día 20 de junio de ese mismo año se entronizaban, con solemne fiesta, las imágenes en el nuevo retablo. Imágenes que, por otra parte, debían gozar de gran veneración, ya que el mismo Canesi nos refiere que en el año 1737 tuvieron que ser protegidas por unas “vidrieras cristalinas que dio la devoción de D. Juan Antonio de Arenzana, su Cofrade”.

Inmediata a esta capilla antes de entrar en ella hay un retablo que estaba dedicado a San Miguel Arcángel. Debajo del coro se encontraban otros dos retablos, uno dedicado a San Antonio de Padua, y enfrente “otro con una nuestra señora de pintura, dorados el año 1745”.

Seguía el dedicado a Nuestra Señora de la Purificación, “que fue de los Ensayadores, y otros oficiales de la casa de la Moneda que está próxima a esta iglesia”, contó con cofradía propia que según deja escrito Canesi “se perdió por los años de 1674”.

Después en correspondencia de la capilla de Nuestra Señora del Pozo, hay otra de Cristo Crucificado; antes de entrar en esta capilla hay un altar y en él una imagen de pincel con su marco, de Nuestra Señora de La Pasión.

La última célebre capilla que está al lado del Evangelio, pero fuera de la capilla mayor, está dedicada a Nuestra Señora del Pozo, capilla cerrada por una reja junto a la cual se disponía un pozo, en el que según la tradición esta Imagen obró un milagro; un niño miembro de una familia que sirvió en distintos oficios a la parroquia, los Ballesteros, cayó al pozo, su madre invocó a esta imagen (que entonces era conocida como Nuestra Señora de la Cabeza), la Virgen socorrió a la desconsolada madre haciendo que las aguas elevarán al niño hasta depositarlo en los brazos de la mujer, el prodigio se propagó rápidamente por la ciudad, cambiando el nombre de la imagen por el de Nuestra Señora del Pozo.

Virgen del Pozo o de la Cabeza

El nombre antiguo por el que se conocía a esta imagen, Nuestra Señora de la Cabeza, se debe a otro prodigio anterior que se obró por esta imagen: se cuenta que un hombre, delante de esta imagen, dio palabra de casamiento a una moza y, que conseguido su deseo faltó a su palabra. Llevado ante la justicia, no se pudo probar nada y el juez lo dejó libre, acudiendo la joven ante la imagen de Nuestra Señora y preguntándole nuevamente si en ese lugar no la dio palabra de boda. Al negarse nuevamente, la joven se volvió a la Imagen de la Virgen y tomándola como testigo de la promesa hecha, la preguntó si no era cierto lo que ella demandaba, apenas terminó la pregunta, la Imagen inclinó la cabeza, aprobando lo que la joven decía. Finalmente, ante la venerada imagen fueron casados.

Para terminar, se menciona dos retablos dedicados uno a San Judas Tadeo y otro a San Pedro Apóstol, a los que se hizo retablo de talla en 1748.

La Iglesia tras la exclaustración y durante los últimos años de su existencia: En la capilla mayor se veneraba la Imagen de la Patrona, con el retablo mayor al que se ha hecho referencia anteriormente (1826). La nave del Evangelio, denominada nave del Pozo, se encontraba presidida por la imagen de Nuestra Señora del Pozo; a mitad de la nave –aproximadamente frente a la puerta lateral del templo, la que se conserva en la actualidad- se encontraba el altar de San Lorenzo; siguiendo hacia los pies de la iglesia –donde se encontraba el coro-, se abría una capilla, dedicada a La Sagrada Familia, donde se veneraba el grupo escultórico-procesional tallado por Gregorio Fernández y del que se ha hecho referencia; y pasada esta capilla, el Baptisterio.

Nuestra Señora de las Candelas (Gregorio Fernández)

La nave de la Epístola recibía el nombre de “Nave del Carmen”, cuyo altar se encontraba en el espacio comprendido entre el coro y la puerta lateral del templo y pasada ésta,  la capilla de la Virgen de los Dolores, cabe destacar las otras imágenes que se conservaban en la parroquia: Nuestra Señora de las Candelas, sendos crucificados, aparte de distintas obras pictóricas con temas marianos o alusivos a la historia de la Virgen de San Lorenzo.

En cuanto al culto a la imagen de la Virgen del Carmen como curiosidad señalaremos que comenzó en 1848 cuando tras la exclaustración se depositó en San Lorenzo una imagen de la Virgen del Carmen de la V.O.T Carmelita procedente del Convento del Carmen Calzado, esta imagen realizada el 1797 por el escultor Claudio Cortijo (y policromada por Martín Mayo) fue llevada al templo parroquial de San Lorenzo por Zacarías Ilera, Tesorero de dicha Orden Tercera del Carmen. Allí permaneció hasta el mes de abril de 1893 en que se hace entrega de la Iglesia y convento de San Benito a los Carmelitas Descalzos ocupando desde entonces la Imagen el retablo mayor. Los  feligreses de San Lorenzo llegaron a promover pleito, en compensación por Real Decreto de 9 de mayo de 1893 se les hizo entrega, procedente del Museo Provincial, de una imagen de la Virgen de las Mercedes (escultura anónima del primer tercio del siglo XVII), convenientemente modificada, haciéndose una nueva imagen del Niño Jesús y erigiéndose al poco tiempo una Cofradía en su honor.

Así permaneció el templo de la Patrona de Valladolid hasta el año 1967 en que sufrió un hundimiento parcial y se procedió a su derribo. Posteriormente se construyó el templo actual cuyo proyecto se debe al arquitecto Luis Alberto Mingo, que fue consagrado el 30 de agosto de 1987.

La Iglesia en la actualidad

Proyectado originariamente como un templo diáfano, locales parroquiales y viviendas, manteniendo – por orden de Bellas Artes- el atrio, portada y torre, según avanzaban las obras se vio la necesidad de incluir unos pilares, que dio al templo su configuración actual. El presbiterio, en lugar de estar situado al lado de la torre, se coloca frente al muro donde se abre la portada.

La imagen de la Patrona se encuentra en su trono de plata, en un retablo dedicado en su origen a San Juan Bautista procedente de Tordesillas. En este espacio se encuentra también la imagen del titular del templo. En el muro frontero, se abren unas capillas semicirculares, dedicadas a Nuestra Señora de las Candelas, La Sagrada Familia (de Gregorio Fernández) que cumple la función de baptisterio.

Nuestra Señora del Carmen (de la que hemos hablado anteriormente) y finalmente una dedicada a Cristo Crucificado, imagen gótica, así como una imagen de la Dolorosa (Virgen de la Esperanza) de vestir.

La nave del evangelio se ha convertido en capilla sacramental colocándose en su testero el Sagrario, en las andas-templete de la Virgen de San Lorenzo.

Distintas pinturas con temas marianos o bien de la historia y milagros de la Virgen de San Lorenzo, el martirio del santo diácono titular del templo, temas de la Pasión, etc., completan los bienes que se pueden ver en el templo.